Señor Conde, nosotros los vascos , ¡no descendemos!… (I)

A Kurt Tucholsky, periodista y escritor alemán (1890-1935), le llamó la atención un relato: “Un conde de Montmorency ponderaba una vez, delante de un vasco, la antigüedad de su nombre, de su linaje, de su familia; se vanagloriaba de cuán grandes hombres descendía él. El vasco le contestó: Señor conde, nosotros los vascos, no descendemos”.

Fragmento de la obra “Carlos IV a caballo” Francisco de Goya (1800-1801). Museo del Prado, Madrid

Tucholsky, amante de la libertad y la justicia, llamó la atención y desenmascaró al verdugo que ya asomaba la cabeza: el nacional-socialismo. Su obra acabó en la hoguera y sus derechos civiles suprimidos. Consumió los días y las noches en Suecia, desterrado. Antes, en 1921, escribió : “El periodismo es el tejido de mentiras mas complejo que jamás se haya inventado” .No es poco.

La cita de Kurt Tucholsky sobre el descendiente de los Condes de Montmorency, de su obra Ein Pyrenäenbuch (Un libro de los Pirineos), encabeza el trabajo de Elisabeth Hamel y Peter Foster “Tres cuartos de nuestros genes proceden de los protovascos” (2003). Al intento de reconstruir el árbol filogenético de los vascos se suma una novedosa investigación lingüística: “el vascón fue la lengua originaria del continente europeo”. Theo Vennemann y Hamel rastrearon topónimos y nombres de ríos europeos para probar que detrás de fósiles léxicos que perviven hay un pasado, un relevante parentesco con la lengua de los vascos.

Tucholsky, en 1924, comprobó, in situ, que había vascos que sólo hablaban euskera. Le pareció una lengua única y enigmática, un idioma con grandes dificultades para sobrevivir. Comentó la falta de sensibilidad de la administración de París a las peculiaridades de sus regiones y planteó, sin embargo, que no existía un problema vasco: “Aquí nadie quiere ser salvado porque nadie se siente oprimido”.

La última reflexión completa una mirada inquietante, multicisciplinar, visionaria y acertada del periodista alemán: Genética, Lengua e Historia. Ahora es posible descifrar la identidad del pueblo vasco apoyados en pruebas sólidas, irrefutables, muy incómodas para quienes siguen mostrando obsequio y rendimiento.
Kurt Tucholsky intuyó, con la anécdota de Montmorency, códigos genéticos muchos años antes de que  dispusiéramos de la clave para resolver el  secreto de la herencia biológica. Describe la lengua del pueblo vasco como única y sugiere el carácter independiente de los habitantes de Euskal Herria. Asegura que no quieren ser salvados.

La opinión que el periodismo  merece al autor, bien pudiéramos trasladarla a una parte de los historiadores. Ignacio Tellechea Idígoras (1928-2008) afirmó: “Existe una “verdad histórica” y existe igualmente una “mentira histórica”, que repetida mil veces acaba apareciendo como verdad inconcusa. En su perduración influyen la malevolencia, a veces convertida en odio, ciega y cierra todos los caminos a una mínima comprensión. También el amor ciega, pero al menos abre portillos, descubre algo blanco donde todos ven solamente negro”. Tellechea fue un investigador valiente, criticado por “ortodoxos” académicos. Tuve la suerte de contar con su consejo e inestimable ayuda en TVE.  Por defender su criterio y rigor científico recibí, como él, algún “codazo”

En el caso del País Vasco, por darle una denominación actual, el absolutismo borbónico contó con firmes voluntarios que ayudaron, sin duda o contradicción, a satisfacer las abusivas pretensiones del poder central. “Las Provincias exentas” constituyeron una especie de obsesión para esta dinastía importada de Francia; con ellos llegaron las limitaciones a una libertad llamada autogobierno que los aborígenes habían mantenido con carácter consuetudinario. Empeñarse en probar la falsedad de ese derecho, introducido por la costumbre, con documentos escritos condujo a una delirante situación de enfrentamiento. Las heridas del siglo XVIII, por sorprendente que parezca,  siguen abiertas. En el XXI corrió la sangre…


Fragmento del retrato de Juan Antonio Llorente. Francisco de Goya ( 1810-1812) Museo de Arte de Sao Paulo

Juan Antonio Llorente (1756-1823) fue un ilustrado canónigo riojano,  empleado del Santo Oficio y jurista que Godoy convirtió en mercenario.  La reflexión de Tellechea venía a propósito y en defensa de este personaje, odiado por los siglos de los siglos. Llorente puso en manos del gobierno hipotéticas razones históricas que despojaban al pueblo vasco de su “inmemorial soberanía”. En una comunicación secreta, aparecida en un legajo en el Archivo Histórico Nacional, le dijo a Godoy: “Las crónicas y memorias me desengañaron del error con que los escritores cántabros persuadieron haber sido aquellas provincias repúblicas libres y originándose sus fueros de pactos con que entregaron su libertad. Las fuentes puras de la historia me facilitaron medios para demostrar lo contrario; y en las presentes circunstancias consideré oportuno no dejar al público en su concepto erróneo; por lo cual tengo escrita la obra cuyo índice acompaño, de todos modos original y única en la materia” (AHN., Sección Estado, leg. 3241, exp.33). Citado por Francisco Pardo en  La Independencia vasca: la disputa sobre los fueros.  Pasó tiempo, mucho tiempo, antes de que viera la luz el tratado sobre el origen de los fueros vascos. El clérigo se puso a disposición de Godoy en 1795. 


Retrato de Manuel Godoy. Francisco de Goya (1801) Academia de San Fernando, Madrid

La obra de Juan Antonio Llorente , Noticias históricas de las tres provincias vascongadas y del origen de sus fueros, consta de cinco volúmenes publicados entre 1806 y 1808 y dos mas que nunca fueron impresos,  depositados en la Real Academia de la Historia.  Es posible que sin pretenderlo, Llorente diseñó una fabulosa campaña de publicidad a la medida de un gobierno sumido en la corrupción pública y el disparate económico . El enfermizo temor de Carlos IV unido al de su favorito , Manuel Godoy – ¡ El Príncipe de la Paz! – al progreso,  las luces y  la libertad de expresión acabó en guerras y bancarrota. La Corona atravesaba una fuerte crisis financiera. Aquellas políticas perseguían la fortaleza y control del Poder Castellano a cualquier precio. Las provincias vascas menoscababan ese poder que pretendía reunir las cualidades de sagrado y santo. 

La Iglesia de Roma colaboró económica y políticamente con Carlos IV en su ardiente deseo de acabar con los privilegios vascos. La posibilidad de que Álava creara su propia diócesis – entonces dependía de Calahorra- enfureció al Abad de Santo Domingo de la Calzada. No dudó en trasladarle al Ministro de Justicia la necesidad de que impidiera semejante osadía: “para mantener a esas provincias en la debida sumisión y para que nunca piensen en romper con la monarquía española”. Seguramente por aquello de la “debida sumisión” había que poner límite también a la lengua y advertía que acabarían “haciendo de ella una lengua nacional”. Sobre los fueros aconsejaba la desautorización porque de continuar disfrutando de ellos “se habrá contribuido a formar en España una nacionalidad distinta”.

Llorente , Carlos IV y Godoy acabaron en el exilio. Si bien la Revolución Francesa está en el origen de las tres expatriaciones, las razones fueron diferentes. El clérigo apoyó la causa de José Bonaparte. Después, ya en Francia,  defendió la libertad de expresión en España. Crítico y partidario de la abolición de la Inquisición, pudiera ser que revisara su propia obra sobre los fueros vascos. Apuesta por esta hipótesis Juan Antonio de Ybarra e Ybarra. Llega  lejos al afirmar que Llorente se ofreció al Señorío de Vizcaya para editar otro trabajo en el que refutaba gran parte de su obra anterior y hacía la defensa histórica y fuerista de las provincias vascongadas. Confío en que la búsqueda de este material que me ocupa desde hace un par de meses, sea fructífera.

“Por mober la lengua de otro modo”, dibujo sobre papel. Francisco de Goya (1808-1811)  Museo del Prado, Madrid
Juan Antonio Llorente y su crítica a la libertad de expresión e Inquisición influyen en la obra de Goya.

La lectura de los documentos de la época da idea del enflaquecimiento y debilidad que causaron unos gobernantes que, con el Rey a la cabeza, hicieron un uso patrimonial de sus reinos. Conmueve hondamente comprobar que hay huellas del pasado sobre las que sigue pisando  el presente. Las citas constantes a la “ilusión soberanista” de los vascos, “futiles y falsas glorias”, “repúblicas independientes” , “dominación” “fieles vasallos” “pretendido republicanismo”…bien pueden ser hoy calificadas de “quimeras”.

Inicio un proyecto de investigación sobre el origen del pueblo vasco. Contar con la colaboración de genetistas, lingüistas e historiadores no comprometidos con poder alguno, ofrece la mejor de las ventajas. Se lo dedicaremos a la memoria de Kurt Tucholsky: creyó en el derecho a la diferencia. Ahora que la justicia, la razón y, tal vez, hasta la propia información genética, vuelve a ponerse en duda. Otra vez.  

 

 

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15.12.2012: Inigo Urkullu, nuevo Lehendakari. Jura su cargo bajo el árbol de Gernika y sobre ejemplares del Estatuto y del Fuero Viejo de Bizkaia (1452). El debate sobre las intenciones “soberanistas” del País Vasco vuelve a tensar la política nacional. Pese al explícito compromiso de lealtad a la Corona y a la Constitución de 1978, el “ruido” mediático perturba, por su intensidad, el derecho a la diferencia. En tiempos de Carlos IV, la doble censura- gubernativa e Inquisitorial- prohibía la libre circulación de las ideas y la libertad de expresión. 

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Acerca de Isabel Paz

Periodista Trabajos Divulgación Científica: "2.mil" (TVE), "Tiempo del Sistema Solar" (TVE), "Nos vemos en Marte" , "Magistrales"

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