“Huir de la muerte puede convertirse en una manera de huir de la vida”

José Saramago no huyó de la muerte. Sí, fue capaz de entretenerla durante 87 años. Me encontré con él, por primera vez, en Lisboa. Lo busqué después de leer Memorial del Convento. Fue en el 84. Desde entonces siempre estuvo ahí, trabajando por levantar fábricas de sueños que pudieran construir un mundo mejor. Cada vez que iniciaba un nuevo proyecto en TVE, le pedía su opinión. Me regaló ideas, pensamientos, reflexiones, comentarios…Su intervención en Mujeres en la Historia sorprendió a los ortodoxos y rancios académicos. Algo contó Saramago en Cuadernos de Lanzarote
Luego, un paseo entre volcanes, para El Imperdible. Pensábamos en lo más cercano . También en la justicia inalcanzable…
En febrero del 96, José Saramago nos envió un artículo para el “banco- libro” con el que mi padre, Agustín Santarúa, inauguraba la curiosa biblioteca del Museo de Anclas de Salinas. El volumen, José, de Armando Palacio Valdés sigue allí, plantando cara al Cantábrico. Las ideas, muy a pesar de algunos, también.

Antes de construir el primer barco, el hombre se sentó en la playa a mirar el mar. Allí estuvo todo un día y toda una noche, para ver cómo subía y bajaba la marea, para ver cómo se alzaban las olas frente a la costa, para oír su fragor cuando se deshacían en la orilla y después escuchar el suspiro delicado de la espuma al ser absorbida por la arena. La necesidad le obligó. El alimento que la tierra tantas veces le negó, pródiga en sequías, pestes y diluvios, el mar se lo ofrecía sin medida, no pidiendo, a cambio, nada más que la simple moneda del coraje. Y también el don de la invención y la aventura del conocimiento. Reunir unas tablas, tejer una red, preparar un anzuelo, empujar el barco hasta el agua, de poco serviría sin la acción de las corrientes y de los vientos, de los cambios del cielo, del paso de las nubes, del estremecimientos de los cardúmenes. Para tanto, un hombre sólo no bastaba. Otros hombres llegaron, y también mujeres y niños, el estruendo continuo de las olas y los silbidos del viento amedrentaron a algunos y los empujaron hacia las tierras del interior, pero estos un día vinieron a mirar desde la cima de los acantilados la aldea que se había formado en la franja de arena, se encontraron con el mismo mar, ahora sereno, brillando bajo el sol como si fuera una danza de cristales, con las olas apenas susurrando bajo el vuelo de las gaviotas. Entonces descendieron. Huir de la muerte puede convertirse en una manera de huir de la vida.
Los personajes que pueblan José, la novela de Armando Palacio Valdés, son descendientes de aquellos hombres que delante del mar lo temieron o desafiaron, aquellos que hicieron el barco y lanzaron la red, los que arrancaron el pescado de las sombras submarinas, los que tantas veces se hundieron en ellas, con los ojos abiertos y con los pulmones llenos de agua. Entonces el llanto humano tuvo que oírse mas fuerte en la naturaleza que todos los tifones nacidos de ella, sencillamente porque el hombre es el único animal capaz de llorar. Y de sonreír. Y es delante del mar- del mar de Rodillero, del mar del mundo-que la risa y la lágrima asumen una importancia absoluta. Se tiene que decir que mas profundamente la asumieron ante el universo, pero éste, digo yo, está demasiado lejos, fuera del alcance de una comprensión común. El mar es el universo mas cercano a nosotros”

José Saramago

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Acerca de Isabel Paz

Periodista Trabajos Divulgación Científica: "2.mil" (TVE), "Tiempo del Sistema Solar" (TVE), "Nos vemos en Marte" , "Magistrales"

3 comentarios en ““Huir de la muerte puede convertirse en una manera de huir de la vida”

  1. Un universo complejo.
    El Mar.
    Sólo algunos hombres tienen la capacidad de entenderlo.

    Lo entendió Agustín Santarúa, mi abuelo,
    José Saramago
    y Mario Benedetti

    El silencio del mar ,
    de Mario Benedetti

    El silencio del mar

    brama un juicio infinito

    más concentrado que el de un cántaro

    más implacable que dos gotas

    ya acerque el horizonte o nos entregue

    la muerte azul de las medusas

    nuestras sospechas no lo dejan

    el mar escucha como un sordo

    es insensible como un dios

    y sobrevive a los sobrevivientes

    nunca sabré que espero de él

    ni que conjuro deja en mis tobillos

    pero cuando estos ojos se hartan de baldosas

    y esperan entre el llano y las colinas

    o en calles que se cierran en más calles

    entonces sí me siento náufrago y sólo el mar puede

    salvarme

  2. Al diablo le gusta adueñarse de los que ocupan cargos en el Vaticano…¿Qué entienden, en su lógica y discurso, por perdón?
    L´Osservatore Romano es una prueba. ¡Cuánta hipocresía!

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